Los amantes no tienen que ser simétricos. No existe el amante perfecto; siempre tienen esa sonrisa; sí, aquella que te alegra el día detrás de una cortina de calamidades, de pecados y traición.
Su sexo no tiene que ser profético. Tiene que ser bestial, sudoroso y amoroso; poético, en esencia. Sin lamentarse por el tiempo. Sin excusas y sin espacios personales.
Los amantes son errantes; vagos que caminan solitarios entre sábanas sucias y que nadan sobre la desesperación perpetua; tratando de sentirse acompañados aunque sea del humo que despide un cigarro moribundo.
No hay amante perfecto; todo es inestabilidad y ya. Una torre de adrenalina y olores fuertes y rezagados tan alta que tambalea, se desvela y sufre de incendios monstruosos.
No existen los amantes perfectos; sólo existen quienes proyectan música en su vaivén, o desprenden letras de los ojos; quizá hay quienes sólo muestran la sombra de una brutalidad o dulzura; inteligencia o estupidez; pero nunca todas y en armonía.
No existe el amante perfecto. La gente se pierde buscando lo mismo; unos brazos cálidos y llenos de espinas. Debemos conformarnos con lo que existe; con la belleza de la imperfección; con la frialdad de dos manos y el vapor de unos labios que dicen "te amo".
No existe el amante perfecto; sólo una canción desproporcionada; un blues caótico que se toca con desenfreno a la medianoche, o cuando hay oportunidad.
No existe algo parecido. Sólo dos seres amorfos apestando a desesperanza y comprensión mutua a la hora de traicionar.
-Angel Garcia
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