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domingo, 23 de agosto de 2015

Analogía

Mujeres: lo más cercano a un dios.
Y dado éste punto, profundicemos.

Cabe aclarar que todos miran a un dios
como máximo, lo más hermoso y misericordioso;
aquella figura que debe ser venerada,
a la que se debe rendir tributo y plegaria;
aquello en lo que puedes cubrirte
en una tempestad enorme e impetuosa.

Todos ven a un dios como algo magnifico,
un ser insuperable o inalcanzable
para nosotros, pobres mortales.

Y, sinceramente, está bien.
Está bien comparar algo como el concepto “Dios”
con lo que es y conforma una mujer;
a fin de cuentas una mujer es eso y más.
Una mujer viaja más allá de lo que podemos describir.

Pero también tenemos que recalcar otro punto:
Un dios no es todo bondad…
Un dios es un psicópata,
un dios se torna indiferente, destructivo,
celoso y hasta posesivo.

Un dios puede llevarse cualquier alma,
de cualquier individuo que se le ocurra,
y devorarla para luego desecharla
por el retrete, o por las nubes cuando llueve,
¿qué sé yo? Sólo soy un ente con una pluma.

Un dios es un asesino de lacayos,
un apostador de esperanza,
un buen jugador de ajedrez.

Un dios se puede enfurecer,
y si eso llegase a ocurrir,
todo a su paso se hace cenizas;
lo antes tan hermoso y bello
se torna de un gris caótico.
La ilusión se desmorona
y la realidad tan severa se instala frente a tus ojos.

Y, efectivamente, así es una mujer.
Una mujer es eso y más.
Destructiva e indiferente cuando gusta
y cuando no gusta serlo.

Una mujer es un dios en todo sentido:
es algo perfecto, algo destructivo;
el mejor paraje cósmico, y el más triste,
el más violento, el más bello,
todo y más a la vez.

Una mujer es lo más edénico, hermoso,
algo divino que, a su vez,
logra ser mortal y oscuro, infame y devastador.

Una mujer es lo más cercano a un dios.
La única diferencia,
es que la mujer es real
y el dios innecesario.


-Angel García.

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