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domingo, 23 de agosto de 2015

La dama plateada

Aquella dama,
que en las noches 
se aparece,
plateada e irreal,
como una ilusión dentro del sueño.

¿Quién es ella?
¿Musa de poetas,
escritores, bohemios y demás?

No es más que una ladrona de luz
a la estrella enorme rojiza,
y de suspiros a los infames enamorados.

No es más que un obsequio vano.
Un punto más al rostro de la noche.

La oscuridad se vuelve menos
con su presencia;
entonando un cuarteto
con las estrellas que a lo lejos tocan.
Allí coloco mis pensamientos
tan vagos y efímeros.

Podría dedicar una sarta de palabras;
un discurso tan vacío como su belleza.
Un discurso largo y simple
dentro de un círculo eterno.

Aquella dama es hermosa, debo admitir.
Figura hipnotizante que estimula lágrimas.
Una droga celestial, cósmica y lumínica.

Mientras tanto yo,
un ser abyecto y mal poeta,
que trató de seducirla con versos sin rima,
sin sentido, como pensamientos de loco;
tratando de dejarla sin palabras.

Ella siempre fue indiferente;
nunca me miró; nunca lo hará.

Sin ojos y sin compasión devora las almas
que dan luz, donde debería ser sombra.

Me sirvo una dosis de su resplandor
a través de estos ojos
y quedo absorto frente a ella. 

Es temible, y la maldigo.
Al mismo tiempo me olvido,
por un momento, de esta vida,
de la realidad.

Me hace olvidar
el día que murió,
las personas que no nacieron.

Me hizo olvidar mi papel
sobre éste punto.

Me hizo mirarla
y amar su brillo.
Todo sin siquiera
voltear a verme.
-Angel García. 


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