He aquí el hijo bastardo de la noche. Un pobre iluso que juega con la poesía y los sentimientos de las personas. Un poeta que crea sus mejores versos bajo los efectos de aguardiente y el susurro de los grillos que, según él, habitan en su cabeza -seguramente en su cabello largo y maltratado, con olor a cerveza y humo de cigarrillos baratos-.
Aquí está. O bien, aquí estoy. Escuchando música sin sentido en el rincón, en un bar de mala muerte. Con nauseas, y a punto de llorar mientras recuerdo... que ya no tengo mis motivos para que me quieran.-Angel Garcia.
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