Mira, mijo. Dicen que el día de muertos es especial porque se une el mundo espiritual con éste. Es donde el tata da permiso a las almas para salir de la tumba y echarse un taco.
Es bello, porque parece ser una de las pocas ocasiones en que lo vivos nos esforzamos mucho más por una buena presentación pa'los muertos; pos cómo no, si bien que luego te espantan, los cabrones, por darles fruta medio echada a perder.
Está bonito todo; la gente se viste, las velas se prenden, el cempoalxochitl se huele desde las casas y florece en el cerro; los dulces y el pan puestos en la ofrenda para los pequeños; o mezcal y cigarros pa'los grandes.
Pese aquello tan bonito, hay quienes no creen; y tengo el relato perfecto para eso: Cuando era joven, mi abuelo me contó que una pareja vivía en las faldas del cerro; bien pobres que eran, con su casa pequeñita y su pedacito de terreno que les vendió el apá de mi abuelo. Decía que le caían bien.
Total que llegó el día de muertos, y la señora andaba toda culeca y preocupada; entonces le dijo a su esposo:
-Ándale, a ver si le compras siquiera un pan y una veladora a tu pá y tu abuelo.
-¡Bah! -respondió el señor- Tú qué crees en esas cosas; voy a creer que los muertos van a salir del panteón pa'comer; ya mero estará pasando. Ya ni nosotros, que todavía andamos vivos y sufriendo por la comida, ya ni la friegas, vieja.
La pobre doña se puso bien triste, pero al don no le ajustó lo que dijo y quería seguir chingando, pues. Entonces agarró unos olotes bien secos y les prendió la punta; luego fue al terreno por una caca de vaca bien seca y le dijo a su mujer: "aquí están tus veladoras y la torta pa'que coman los espíritus". Los puso en la ofrenda y ahí los dejó hasta la noche; no dejó que la señora los quitara, a pesar de su coraje y su tristeza.
Como a eso de las tres de la madrugada unas luces despertaron al don, tanto que se fue a asomar indiscretamente por afuera de la casa. Lo que vio fue una marcha grande y llena de veladoras dirigiéndose al panteón. Con un poco de intriga fue con su mujer y le comentó:
- ¿Ya viste vieja? ¿Qué habrá allá?
- Ha de ser una procesión de la iglesia por el día de muertos, ya duérmete- Respondió la señora con tono de irritación en sus palabras, supongo que por un sueño interrumpido.
Ah, pero al viejo no le bastó con esa respuesta. Seguía curioso, por lo que había visto; tanto que salió y se sentó al borde de las escaleras, en el zaguán de la casa, y se puso a mirar mientras fumaba el cabrón. Bien que se veía de ahí al panteón esa noche -según me dijo mi opá-.
Pa'no hacertela tan larga, el señor se quedó allí, mirando el gentío; según mi abuelo, el don los veía brillosos y borrosos, a tal punto que se acercó más y esforzó su vista lo más que pudo. Al hacer eso alcanzó a mirar dos masas amorfas y brillantes en especial, dos masas que se parecían a su abuelo y su apá. El señor se quedó mudo, congelado de emociones juntas que explotaban y se asomaban, entre ellas la tristeza, la sorpresa, el arrepentimiento. El don no aguantó mucho y soltó el llanto al ver a sus muertos queridos llevándose la esencia de los olotes y los deshechos de la vaca, con cara triste y desolada. El llanto del viejo no era un llanto normal, sino uno de impotencia y rabia hacia uno mismo, bien feo, mijo, de ese llanto que te llega cuando la riegas y no hay remedio.
Dice mi pá que el viejito lloró toda la noche hasta que terminó bien el día de los espíritus. Y de ahí en adelante no volvió a faltar un solo año que no les pusiera ofrenda a sus difuntos; eso hasta reunirse con ellos y pedirles perdón por todo.
Uno llegaría a pensar que tu tatarabuelo fue el mentado protagonista de la historia; la verdad yo llegué a pensarlo, pero tal vez nunca lo sepamos... ni aunque me muera y lo vea donde quiera que ande.
Mijo, te cuento esto para que creas. Yo creo, pero fui como tú, y la verdad no me gustaría que me pase lo de al señor, o peor, que me pase lo de a los espíritus; ni mucho menos quisiera que te pasara a ti. Las generaciones se van olvidando de lo que existió, mijo, de lo que te cuentan los antigüitas; yo por eso te cuento a ti; para que le cuentes a los que vienen y que no dejen de creer... no nos queda de otra, pa'llá vamos todos y lo único que quedará será nuestro recuerdo... pobres de nosotros si los que siguen dejan de creer ¿no?
-Angel Garcia
Escritor, a veces. La esencia de un monstruo proyectada en letras. Dibujo un poco; amateur en todo. Vago por las calles con cigarros y una pluma siempre en el bolsillo.
Traducir texto.
domingo, 20 de noviembre de 2016
martes, 1 de noviembre de 2016
“Así es cuando llueve”
Quisiera decir algo:
La lluvia trae consigo un juego de cartas para leer.
La lluvia trae consigo un juego de cartas para leer.
A lo largo del fenómeno se desprenden olores y recuerdos tanto agradables como tristes; y el habitáculo en el que te encierras se vuelve un espacio al que te aferras para no asfixiarte.
Ese instante en el que las gotas chocan contra el piso da lugar a tu transformación en pasado; aunque quizá deseas estancarte en un presente confortable: envuelto en cobijas y acariciando un gato. Quizá preferirías jugar un poco sobre un charco mientras te regocijas con el agua chocando sobre tu piel.
Las gotas perecen; batallan con las hojas de unos árboles gigantescos para ellas, con la esperanza de victoria. Esa guerra es nuestro espectáculo; somos el morbo, siempre observando.
Mientras el clima nos traga para su beneficio; para una melancolía disfrazada de soledad. Nos perdemos en las fotografías de aquellos que perdimos, de los gatos que no pudieron volver.
Mientras el clima nos traga para su beneficio; para una melancolía disfrazada de soledad. Nos perdemos en las fotografías de aquellos que perdimos, de los gatos que no pudieron volver.
Un tono grisáceo y hermoso. Así es cuando llueve.
Los niños preguntan "¿por qué el cielo llora?" y a los imbéciles se les inunda el alma con aguda tristeza: “Es que Dios está triste”; responden. Cuando llueve eres presa fácil; y los pensamientos te acorralan para devorarte mientras observas, hundido en la humedad de un suelo rasposo.
Los niños preguntan "¿por qué el cielo llora?" y a los imbéciles se les inunda el alma con aguda tristeza: “Es que Dios está triste”; responden. Cuando llueve eres presa fácil; y los pensamientos te acorralan para devorarte mientras observas, hundido en la humedad de un suelo rasposo.
Un sin fin de perspectivas sobre el entorno antiguo y asqueado de tI; algo fantástico, si me preguntan.
-Angel Garcia
lunes, 31 de octubre de 2016
Amante amorfo
Los amantes no tienen que ser simétricos. No existe el amante perfecto; siempre tienen esa sonrisa; sí, aquella que te alegra el día detrás de una cortina de calamidades, de pecados y traición.
Su sexo no tiene que ser profético. Tiene que ser bestial, sudoroso y amoroso; poético, en esencia. Sin lamentarse por el tiempo. Sin excusas y sin espacios personales.
Los amantes son errantes; vagos que caminan solitarios entre sábanas sucias y que nadan sobre la desesperación perpetua; tratando de sentirse acompañados aunque sea del humo que despide un cigarro moribundo.
No hay amante perfecto; todo es inestabilidad y ya. Una torre de adrenalina y olores fuertes y rezagados tan alta que tambalea, se desvela y sufre de incendios monstruosos.
No existen los amantes perfectos; sólo existen quienes proyectan música en su vaivén, o desprenden letras de los ojos; quizá hay quienes sólo muestran la sombra de una brutalidad o dulzura; inteligencia o estupidez; pero nunca todas y en armonía.
No existe el amante perfecto. La gente se pierde buscando lo mismo; unos brazos cálidos y llenos de espinas. Debemos conformarnos con lo que existe; con la belleza de la imperfección; con la frialdad de dos manos y el vapor de unos labios que dicen "te amo".
No existe el amante perfecto; sólo una canción desproporcionada; un blues caótico que se toca con desenfreno a la medianoche, o cuando hay oportunidad.
No existe algo parecido. Sólo dos seres amorfos apestando a desesperanza y comprensión mutua a la hora de traicionar.
-Angel Garcia
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