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viernes, 1 de abril de 2016

La llorona

¿Pos por dónde empiezo?
Yo iba caminando en la madrugada; hacía frío, así que me embroqué mi gabán. Llevaba a la Paloma a pastorear, mi vaca ¡rechula la condenada!, ya no te tocó verla, mijo, pero ¡ah cómo estaba de bonita, pues! Toda blanca con bien poquitas manchitas. 

   Total que el frío se sentía bien fuerte, pero a mí me gusta el frío, así que no me quejaba; la madrugada era agradable, se veían a lo lejos las luciérnagas del cielo, brillando y muriendo las pobrecitas, mientras que el rocío se dejaba mirar en forma de diamantes en la punta del pasto. Yo me sentía bien a gusto y me quise echar una pestañita; así que amarré a la Paloma en el guamuchil, cerca del apantle chiquito.

    Ya estaba a punto de quedarme bien dormido, pero algo rezumbó en mis orejas; era como un llorido de una muchachita, un llanto triste como un pájaro en jaula, pero revuelto como con el lamento de un difunto; bien que me acuerdo, mijo, y no me tire de a loco, chamaco, que, por más viejo que esté, la memoria la tengo mejor que ustedes con su tecnología que los hace cada vez más mistontos.

   Bueno, volviendo a mi historia: no sé por qué no se me ocurrió acordarme de ella y echarle a correr con mi mendiga vaca, pero en vez de eso yo, bien bruto, fui a ver si alguien necesitaba ayuda, o por lo menos pa'ir de chismoso, pues. Crucé el apantle y ya me iba derechito para el río y, según yo, me iba acercando cada vez más, pero el llanto se escuchaba cada vez más lejos; no te miento, mijito, las patas ya me estaban temblando como becerrito recién parido, no sé si por el frío o porque ya me estaba entrando el miedo hasta por donde pa'qué te cuento; pero el chiste es que me temblaban.
    Y de repente la vi, allí estaba por la hamaca. No sabía si era la noche o su cabecita; estaba parada al borde del río, o al menos eso parecía, porque no se le miraban sus pies. Se miraba hermosa la muchacha, llevaba su huipil que hacía juego con su piel y la luna que estaba a tope esa madrugada; en el agua no se miraba nada más que un resplandor blanco, en vez de su reflejo. Quedé pasmado; pero entonces que me cae el veinte: "¡La chillona!" grité pa'mis adentros, pero todo fue inútil; me di cuenta demasiado tarde, cuando ya andaba pasando entre la huizachera pa'llegar con esa linda difunta.
   
   Ya cuando estaba frente a ella, la miré a los ojos, y sus ojos... sus ojos eran, y no te estoy vacilando, los más hermosos que había visto en mi vida: negros, negros como la noche, profundos como los sueños y tiernos como de niña inocente ¡bien chulos!

    En fin. Me pidió que la besara y ahí va tu menso de obediente ¡Y que la beso! Y adivina, mijo: bien dicen que si la llorona te besa te mueres; pues sí, yo me morí, me morí por un ratito nomás. Y si de por sí hacía frío, pues cuando besé a la méndiga me entró más, y mis brazos y mis patas se hicieron de hielo, pesadas y frías; sentía cómo mi alma se escapaba de mi cuerpo y se burlaba de mí, y de la noche, y yo bien pálido, mientras mi pinche alma se iba derechito al cielo, con las luciérnagas; Dios me ampare si tu abuela escucha esto que te cuento, pero así merito sentí; sus labios fríos como el invierno y suaves como pétalos de rosa. Dentro de mi trance y todo, alcancé a abrir los ojos, nomás poquito, y no vi la figura horrorosa que todos dicen ver siempre que ella los espanta, en cambio vi la luz del sol que se me vino encima como la vida, como mi alma, de zopetón y que me dejó todo atarantado, creo hasta me desmayé y caminé dormido... bueno, eso creo porque me desperté, como a eso de las seis de la mañana, todo entelerido al pie del guamuchil donde había amarrado a mi vaca; la pinche vaca ni en cuenta de mi auencia, ella seguía haciendo sus cosas de vacas.

     A  fin de cuentas agarré mi machete, me puse mi sombrero, me embroqué el gabán, fui a desatar a la Paloma, y de ahí derechito a la casa, a ordeñarla y a darle de comer a los pollos. 

    Todo esto que te cuento pasó más o menos en el transcurso de una hora, pero yo podría jurar que me fui como por tres noches, sí mijito, sólo las noches y no los días.

   Bueno, nomás pa'terminar te cuento que desde el día en el que la llorona me llevó con ella, he regresado todas las madrugadas con mi morral, mi gabán, mi vaca y mis patas temblorosas a ese huerto cerca del río; a ver si me vuelvo a encontrar con esa muchacha perpetuamente inconsolable.

     -Angel Garcia

lunes, 22 de febrero de 2016

Bar a media noche

"Este bar me da mala espina", dijo el poeta amargado que veía entrar al diablo, por la puerta principal, que se encontraba rodeado de mujerzuelas y fumando una especie de cigarrillo que, extrañamente, se volvía más grande a medida que sorbía las almas de sus presas dentro del bar: borrachos con desamor, músicos sin empleo ni noción del tiempo, pero eso sí, con gran sentido del humor, artistas plásticos y fotógrafos, enfermos mentales que entablaban conversaciones con los borrachos, con sus amigos imaginarios, o con sus dedos -no había diferencia alguna-, y uno que otro sujeto que llegó ahí por error con la esperanza de su primera borrachera.  
El poeta miró la hora: las doce. Entonces el tiempo se detuvo y se tornó eterno; en ese preciso momento se dio cuenta de que estaba jodido, y que los demás estaban más jodidos aún y seguían bebiendo, como él. 
"Éste bar me da mala espina..."dijo el poeta resignado que dio un trago a su cerveza y siguió fumando mientras esperaba su turno en las piernas del mentado Satán. 

   -Angel Garcia.

domingo, 21 de febrero de 2016

Sirenas de la calle

Las prostitutas son como sirenas. Entonan una melodía triste y lujuriosa. El canto más dulce de la noche. Y atraen hombres carentes de atención y ansiosos de caricias.
Son como sirenas, o plantas carnívoras. Si un pobre y bastardo iluso se topa con su canto, o algún idiota olfatea su perfume, ten por seguro que no escapará, y su final será inminente, desastroso.
Los orgasmos causarán gritos y los gritos causarán más orgasmos. Y la víctima se lamentará al día siguiente, con la cabeza destrozada y ganas de vomitar las entrañas en el baño de un motel tan sucio como su mentepor aquemomento de placer que pareciera no recordar con suficiente lucidez, mientras despierta y se da cuenta de la ausencia de su alma, o de su dinero, o de sus fetiches. Y lo único que le quedará serán las ganas de rezar – a la divinidad que se le ocurra al lector- para que no se haya cruzado con un manojo de duendes degenerados y le hayan robado la virginidad. 

    -Angel Garcia.

viernes, 15 de enero de 2016

Declaración poética de un hombre con resaca

Despierto y apenas puedo creer en qué sitio me encuentro. Un lugar lleno de inmundicia con vasos rojos tirados, y algunos llenos a la mitad, como yo.

"Al fin despiertas."
¿Eso crees? Siento que aún estoy en un sueño. Y que cuando despierte ya no estarás ahí para decirme lo obvio... No he despertado... pero no me preocupo. Sé que tú tampoco lo has hecho.

Después de sentarme al borde del Edén junto a Lilith, y besarla para mofarme de dios, no puedo creer que esté en éste sitio, al borde de una cama tan gris y fría como las cuatro paredes en las que me mantengo encerrado. Tan grises... como mis recuerdos.

"¿Te sientes bien?"
Me siento bien, mal, solo, en compañía, intoxicado, en el Edén. Cualquier cosa es aceptable en estos momentos... el problema es qué tanto soportaré en esa condición. Estoy vomitando.

Sólo necesito recostarme en el patio o en la azotea, sino seguro que explotaré de una manera polifacética. No controlas a tus demonios con alcohol, eso es seguro. Con alcohol salen muchas partes de ti que creías muertas... creo que sigo vomitando.

Y a pesar de sentir el sabor a cigarrillos y alcohol que me provoca asco en estos momentos; a pesar de sentirme tan vacuo como mis declaraciones, como mis sentimientos, como el espacio... a pesar de todo proceso negativo de desintoxicación, y a pesar de escuchar a la perfección cada maldita nota de cualquiera que sea la canción al fondo de ésta caja tétrica y gigante; a pesar de toda mi tortura, mi desengaño, mi vuelta a la realidad... no me arrepiento de nada. No me arrepiento de mi viaje a la dimensión de los demonios, de mi vals con Lilith, o de los besos que me ofreció y que yo acepté con desdén.

"Escribes sin sentido en estos momentos..."
La poesía carece de sentido. Y vagos son los intentos de aquellos que tratan de entenderla. Y malditos sean aquellos que dicen entenderla. Y que le dan un significado fijo.

"Deberías seguir durmiendo."
La única manera de que pueda dormir más de lo que ya duermo sería estando muerto. Mejor pásame la cajetilla de cigarros. ¿Qué? ¿Ya sólo quedan dos? Claro... algo tan bueno no puede durar mucho... aunque pareciera que sí, cuando menos te das cuenta la cajetilla de los cigarros está vacía, y tu cerveza ya se la bebió el idiota que vez en el espejo todos los días.

No me arrepiento de mi estancia en el Edén caótico. No me arrepiento de las palabras estúpidas que dije en la madrugada, de mis espasmos por la gélida habitación, de nada. Ni siquiera de mi falta de cordura, de mi falta de tangibilidad y de realidad. De lo único que me arrepiento es de no descubrir antes éste transporte.

"¿Puedes pararte?"
Sino es por un cigarrillo en la mesa, no.

   -Angel Garcia.